El casco de Jose Alfredo
Resulta que finalmente el sueño de toda mi vida se había hecho realidad: tener un cuadraciclo. Y que mejor forma de disfrutar del barro y del olor a mufla vieja que con Alex. Entonces resulta que solo teníamos un casco. Teníamos que encontrar otro. Hicimos pública nuestra necesidad en una reunión de Vida Joven en Moravia y bueno… resulta que Jose Alfredo tenía un casco amarillo y redondisimo y nos lo prestó.
Era el casco más redondo que yo recuerdo… yo personalmente no me lo hubiera puesto, Alex, bueno, Alex hacía cosas por mí que no tienen nombre, para poder ir conmigo a probar barro, se compró unos anteojos amarillos que le iban con el casco! Y yo me sentía que iba manejando una cuadraciclo y en la parte de atrás llevaba a la abeja malla! Se veía tan vacilón! Imaginese a dos carajos como de 20 años en un cuadraciclo y el de atrás tiene un casco gigantesco amarillo y unos anteojos amarillos!
Y nos ibamos a meter a los barreales de Coronado y algunas veces pasamos a la casa de Gaby en las nubes. Otro día me acuerdo que llegamos más allá de un pueblo que se llama Montserrat. Paramos en una pequeña casa en donde vendían queso y al final terminaron dandonos hasta café en vaso, pan casero y el queso!
Muchas veces nos fuimos a meter a los barreales en el bendito cuadraciclo, y lo que más disfrutaba era que estabamos juntos, pasando el rato…
Yo no se que pasó con el casco amarillo… las aventuras se quedaron en mi corazón. No hay en el mundo ninguna experiencia como la de tener un amigo de verdad. Alex y yo siempre fuimos mejores amigos jugando a vivir.
A veces me pregunto porqué Alex hacía tantos “sacrificios” por mí… A decir verdad el amor de hermanos que Alex y yo tenemos es algo que ni siquiera la muerte puede arrebatarnos.
Alex cambio su casco amarillo y su gorra de cuervo por la corona de vida de que Dios ha prometido a los que le aman… ojalá Dios me dé el privilegio de sentarme con Alex y con Él para disfrutar de más aventuras en el cielo…
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