Alex Castro Costa Rica and Heaven. Memorial Site.

Huevastian…

August 21st, 2007 Alex

Alex and JP

Ese día fue diferente a muchos otros. Me sentía como en un sueño, como si no fuera yo mismo. Abrí la puerta del carro y me bajé pensando mil cosas por segundo. Al primero que vi fue a Coky. Coky se me acercó y me abrazó fuerte, pero era más fuerte el nudo que tenía yo en mi garganta. Que contraste de momentos. Hacía algunos meses atrás todo era diferente. Todo.

Mae, me duele el hocico de reírme, parala che boludo… le dije a Alex mientras me agarraba la panza y trataba de pensar en otra cosa. Alex era uno de esos chavalos que lo podían hacer reír a uno con solo volverlo a ver. Era increíble poder gozar de la vida como chiquitos, sobre cosas tan chiquitas como los sobrenombres.

Pedazo de porcinonamo… me dijo casi sin poder estar serio, yo le respondía: “que me dice cerdo viejo”… HAHA, nos reíamos durante 2 minutos como dos estupídos en medio de la calle. Leo un día nos detuvo a parte para decirnos que teníamos que cuidar nuestro vocabulario porque era normal para nosotros pero no para los muchachos que no nos conocían… Gracias a Coky ya había empezado la moda de llamarnos cerdo, chancho, cochino, puerco, porcino, saino, chuleta, salchichon, cerdofilo, casa (casa de los cerdos), y muchas más.

Es de día, pero se siente como de noche. Doña Mauren me toma del brazo y me pregunta que va hacer sin Alex. Yo no tenía respuestas para mí, menos para ella. Me miró a los ojos y me dijo con una medio sonrisa: “Me acuerdo de una vez que llamaste a casa, y Alex contestó; ustedes hablaron de cuanta tontera se encontraron como por media hora antes de acordar ir a jugar futbolin”. Yo no podía imaginarme que significaría perder a mi mejor amigo.

Hoy no tengo que imaginarme nada. La falta que me hacen los sobrenombres me rompe muchas sonrisas. Entre el trabajo y regañar a mi perra se me olvida un poco lo importante que eran nuestras conversaciones.

Sobre-nombres, conversaciones y cerveza Heineken. Huevastian… mae, te extraño.

Teno, Marco y Alex

August 11th, 2007 Alex

Teno, Marco y Alex en Esterillos. Foto proporcionada por: Marco Calvo.

Alex Castro y Amigos

Notas en la Pared

August 7th, 2007 Alex

20 minutos ya pasaron… Estoy en el asiento del piloto, Alex en el del pasajero. Mi carro es un Honda Civic lleno de oraciones, de historias y hasta de arena de playa.  Ya habíamos orado por cuanta cosa nos habíamos encontrado.  A mi a veces me preocupaba el que nos parqueabamos en frente de la casa de doña Mauren y durante horas Alex y yo tratabamos de arreglar el mundo.

No me explico como después de haber platicado durante todo el camino hasta Guanacaste y de vuelta, todavía teníamos cosas que conversar.  Alex era como un libro de historias. Era como un baúl lleno de cicatrices, algunas parecidas a las mías, otras, que nunca hubiera imaginado.

Alex era un verdadero amigo, pero además era un maestro.  Leía libros de Maxwell como si fuera tomar agua, y pegaba papeles escritos a mano en las paredes de su cuarto. ¿Quiere saber que decían esos papeles? Citas Bíblicas. Mae, mi banda preferida es ColdPlay, me dijo después de haber hecho una introducción larguísima sobre música.
Que vacilón, mientras escribo me pregunto si las personas que leen esto piensan si todo lo que escribo es cierto o mentira. Porque suena increíble que alguien dedique toda su vida a Dios de la forma que Alex lo hacía.

30 minutos ya han pasado. Todavía estoy en el carro.  Alex oró por su familia, por todo Christian Surfers, por mí y mi familia y por quien sabe cuantas cosas más. Yo estoy todavía preocupado de que alguien decida asaltarnos. Imagínese como se ven dos carajos en el medio de la noche orando con los ojos cerrados dentro de un carro… es verdaderamente raro. Pero por alguna razón nunca nos asaltaron.

Todos los que han orado por más de 30 minutos saben que cuando uno termina se siente pesado y como un poco borracho. Alex se bajaba del carro y se metía a la casa.  Yo manejaba a mi casa mientras oraba ahora por Alex.  Siempre le decía a Dios que cuidara a Alex.  Siempre le pedía que lo bendijera y que le diera todos los deseos de su corazón.  Yo me sentía verdaderamente orgulloso de mi mejor amigo.  Nunca he conocido a alguien con tanto valor, con tanta humildad y con tanto deseo de dar su vida por Cristo. Yo siempre fuí el cobarde que seguía sus pasos pero sin el compromiso de servir a Jesús con toda el alma.

Hoy, mientras veo tele con mi esposa y mi perra me pregunto si algún día voy a querer sentarme por más de dos horas en un carro a orar. Examinando mi corazón me doy cuenta que yo no solo extraño a Alex, me extraño a mi mismo. Extraño ser el mejor amigo de alguien a quien yo admiraba. Mae, en Jacó si que hace calor, me dijo con tono ostinado. Estoy pensando en estudiar para Pastor…dijo serio. Yo no me imaginaba alguien mejor para pastor que Alex. Dale mae, le dije.

Unos meses después estoy sentado en el carro de mi esposa Ann. Alex, con su sonrisa de siempre me dice: Mae, de veras, felicidades bro. Mae, tenés que venir a visitarnos. Si, mae, dijo. Algo era un poco diferente esta vez. Cuando cerró la puerta del carro empezó a caminar hacia la puerta del hotel. Un sentimiento raro me agarró en el corazón y pensé que era solo mi propio miedo a volar. Cuando Alex llegó a Costa Rica me tranquilicé pensando que era algo raro que me había pasado por la mente.

Esa fue la última vez que lo ví con vida.  La próxima vez estaba razurandolo, vistiendolo y preparandolo para que la gente lo viera por última vez. Como un verdadero hermano.

Alex mae, te extraño brother. Mae, dame la fuerza para orar por los míos como lo hacíamos en el honda. Dame la fuerza para ver atrás pero seguir caminando hacia adelante. Algún día nos volvemos a ver.