Alex Castro Costa Rica and Heaven. Memorial Site.

Que bueno es que alguien ore por uno cuando uno no lo sabe.

“Mae tranquilo, para eso son los ensayos” me dijo Banderas cuando yo llevaba más de 20 minutos tarde al ensayo de mi boda. Resulta que yo no conocía muy bien el lugar y logicamente por estar hablando con Alex me di cuenta como 20 kilometros después.

Yo se que parece increíble perderse de tal forma, pero con Alex siempre terminabamos manejando por horas sin ni siquiera saber donde ibamos a parar.

Muchísimas veces fuimos a Jacó y muchísimas a Guanacaste, pero lo interesante es que no importaba tanto llegar sino más bien el camino.

Durante cualquiera de esas manejadas hablamos de millones de cosas, de chamacas (como les decía él), de la vida y de nuestros miedos.

Un día, como muchos, Alex me llamó. Me dijo lo que para nada me parecía extraño:

  • “Man, vamos a la playa, esta vez necesito llevar a alquien más, no importa verdad? Por supuesto que para mí no me importaba y era un fin de semana.

Recuerdo que Alex ya había hecho las reservaciones en Manuel Antonio en un hotelito de uno de sus amigos que conoció a través de Centro Cultural.

Además esta vez también Coky iba a ir con nosotros. Por supuesto esta vez, como todas las veces era una “chamaca” norteamericana, con chancletas y con todo lo demás.

Entonces iba yo manejando, Coky a mi lado y Alex en el asiento de atrás junto con la chamaca ( por motivos de privacidad voy a dejar el nombre a la imaginación de ustedes).

Coky y yo vacilabamos todo el camino de que se oian besos ir y venir… haha, la verdad solo se oía Alex hablando suavecillo.

Llegamos al hotel en Manuel Antonio y Alex cuando estaba enamorado se le agrandaban los ojos y se alegraba más que nunca.

Llego el momento de montarnos en el carro y lastimosamente entre las cosas que montamos en la cajuela iban las llaves del carro. Si. Nos quedamos a fuera del carro. Estaba lloviendo, había un calor infernal húmedo y bueno en Manuel Antonio.
Era un domingo, ya era tarde para devolvernos, y nosotros buscando un único tipo que actuaba en estos casos.

De nuevo Alex me decía: ” Man, tranquilo”.

Alex siempre tenía la misma actitud… estaba tan enamorado de Jesús, más que de cualquier mujer norteamericana o de las islas del Caribe.

Vieran como extraño el : “man, tranquilo”, Alex siempre hacía de mi vida un mejor lugar.

Después de llegar a San José, dejamos a todo el mundo como siempre, y nos parquebamos en frente de su casa a hablar y a orar… yo me imagino que la gente que pasaba por allí seguro pensaban que eramos de una secta rara: dos carajos con sus cabezas bajas orando dentro del carro.

Doña Mauren es testigo, durabamos horas a veces con el carro todavía encendido, orando y orando.

Me pregunto si alguna de esas “chamacas” norteamericanas se imaginaba que después de dejarlas en su casa nosotros orabamos por ellas, por sus familias y por supuesto por respuestas positivas para Banderas… hahaha

Que bueno es que alguien ore por uno cuando uno no lo sabe.

Algunas veces, se nos ocurría algo mientras estabamos orando dentro del carro, y nos ibamos otra vez a dar vueltas en el carro…

Leave a Reply

You must be logged in to post a comment.